Si te susurro letras pequeñas, tiembla mi voz. Una lluvia
cae dispuesta a encontrarnos, y yo te abrigo el cuello con bufandas cuando el
olor a tierra y canela salva distancias.
Vuelve aguacero cada aliento. Arde sin excusas. Nuestras
diferencias pliegan navíos de papel azulado al esperar bajo un cobertizo de
madera.
No dejes de dolerme, hoy que dista tan poco de página a
página. Normalmente tendría que esperar el fin de la llovizna: ahora estiro un
poco mis dedos para tiritar juntos.