Un árbol que nunca dio frutos se sueña ‘diente
de león’, tras el soplo de una boca. Le veo eludir otros vuelos más discretos,
como el de las hojas que caen, mientras intuye mover su cintura a la derecha en
franca maniobra a la deriva.
Es una apuesta silenciosa.
Fruta tibia para inundarme en mordiscos sordos.