martes, 9 de diciembre de 2014

Árbol.

Un árbol que nunca dio frutos se sueña ‘diente de león’, tras el soplo de una boca. Le veo eludir otros vuelos más discretos, como el de las hojas que caen, mientras intuye mover su cintura a la derecha en franca maniobra a la deriva.

Es una apuesta silenciosa.


Fruta tibia para inundarme en mordiscos sordos.

martes, 18 de noviembre de 2014

Si te susurro letras pequeñas, tiembla mi voz. Una lluvia cae dispuesta a encontrarnos, y yo te abrigo el cuello con bufandas cuando el olor a tierra y canela salva distancias.

Vuelve aguacero cada aliento. Arde sin excusas. Nuestras diferencias pliegan navíos de papel azulado al esperar bajo un cobertizo de madera.

No dejes de dolerme, hoy que dista tan poco de página a página. Normalmente tendría que esperar el fin de la llovizna: ahora estiro un poco mis dedos para tiritar juntos.


jueves, 16 de octubre de 2014

.

DEBO guardar en mi cabeza dos o tres reproches de amores nunca concluidos. Tantas disputas familiares perdidas y reconstruidas hasta el mínimo reparo.

Esa herida —al lado del tobillo— y unas manos afanándose en curarla. El tacto de unos labios húmedos y la suspicacia que lame orgullo tras las sábanas.

Los buenos deseos cuando ella salió de casa. Una sombra en la pared removiendo la ropa, los libros, las risas por compromiso.

Esa coma —casi al final del texto— que no ajusta con tu visión del ritmo, y tus piernas de girasol envueltas en esa toalla verdemar que insistes en usar aunque cuelga de un hilo.

Hay un espacio en el buró repleto de notas sin sentido práctico, una capa de polvo aguarda mejores tiempos.

Nada es poco a tu lado, esas letras apiladas en un fólder tendrán sabor a vainilla. Quizá huelen a portazo en la cara.

Quién lo dirá entonces,
si después de verte casi reenvío cada palabra que no has dicho.

















martes, 17 de junio de 2014

La noche
aquella apóstrofe de luciérnaga
gira incluso tras la cortina
su risa de vuelo
muerto. 

lunes, 19 de mayo de 2014

El rechazo justo de la aburridora


La aburridora debería tener en la Real Academia Española una acepción más extensa y precisa. El significado “Adj. Que aburre” no cumple su esencia pragmática en la sociedad actual, y la interpretación tenue de las sagradas autoridades de la lengua pretende cerrar un asidero de diversión y encono en la humanidad.

Entre las acepciones más verosímiles propondría las siguientes:
I.   Situación donde una persona otorga una prórroga indefinida al otro, sin remuneración ni recompensa material o emocional.
II.   Ruptura cortés.
III.   Procrastinar con silencio el anhelo o amor de otro.

Si estas extensiones del sentido tradicional no cumplen a cabalidad la norma, al menos darán una excusa al buscador de peligros para seguir tropezando con conocimiento de causa. Y busco la palabra en términos afectivos, no en trámites gubernamentales, claro está.

El humano comete el error de sentirse invulnerable en su cosmos de cristal, cuando busca una pareja. Sea hombre o mujer, quien tome la aparente delantera al perseguir, esperará una retribución por su esfuerzo a corto plazo, y este arrojo —al terminar en fracaso— se convierte en regodeo del despecho; como si la atracción que sentimos sea suficiente argumento para recibir un trato justo o equitativo: Vaya utopía del amante.

La naturaleza del deseo nos transforma en orangutanes con smarthphones. Creemos que el mundo se transforma en dos personas, cuando en realidad las relaciones son un cuadro sinóptico donde el amado puede elegir en un amplio menú cárnico, vegetal o hasta caníbal.  Elija a la persona que sea, el infortunado perdedor deberá apechugar las consecuencias emocionales con unas buenas semanas deprimido, escuchando música cortavenas, tomando cerveza o dándose buenas duchas de aislamiento; de lo contrario, el acoso de quien da patadas de ahogado se convierte en “lástima”. Y no hay peor palabra para un orgullo herido, porque la conmiseración encarnada es aquella que pulula en un perrito o gatito sin casa, no en un hombrecito que se siente garañón de las cuevas.

El dilema entre actuar o dejar apaciguar el escenario de combate siempre estará rondando como una canción pegajosa, por eso se recomienda prudencia y una buena charla para hilvanar los puntos en pro y contra.  Me causa mucha gracia cuando escucho a alguien decir: “Pinche vieja, se pasa de lanza”; o viceversa: “¡Es un pocohombre!”, porque en cada sílaba —que suena como un látigo correctivo— lanzamos un beso al cielo, como esperando una palabra de ánimo o una llovizna iluminadora.

II
La esencia mal interpretada del rechazo en la aburridora consiste en dotarla de un aire punitivo cruel, cuando en realidad es una simple transacción emocional. Si al final tu pareja te cambia o decide seguir el camino de Zaratustra, deberíamos aceptar este hecho que enarca nuestras cejas, y ese silencio distante     —que precede a la ruptura— un asunto impostergable para él o ella. Y “es feo ser digno de castigo, pero poco glorioso castigar[i]”; por eso nadie quiere llevarse el blasón del desprecio, aunque al final muchas veces los pensamientos allanen el pasado en busca de argumentos poco eficaces.

La libertad posterior debería ser un aliciente porque viene vestida de dolor y aprendizaje: “¿Cuándo salió mi Mr. Hyde y arruiné la fiesta?”; pero no quiero sonar a oropel de superación personal, sino puntualizar que un “Mejor ahí muere”, a tiempo, es más prudente que terminar en una tragicomedia de tres actos. 

Julio Cortázar decía que la “amistad es un inmenso egoísmo: se tiene a un amigo mientras ese amigo refleja los mismos problemas que lo afectan a uno; mientras es una especie de espejo complaciente. Pero cuando ese amigo se aleja, recobra su individualidad, se torna verdaderamente otro; entonces, precisamente cuando la amistad debería cumplir todo su sentido, es cuando se derrumba, y se reduce a una fría relación que espanta y que, en suma, es mejor romper y terminar[ii]”.

Quién sabe, la amistad y el amor son palabras tan grandes que llevarlas a la práctica termina por agotarnos, pero la intención siempre allí está, dispuesta a seguir golpeando nuestra cabeza contra la pared, aunque el golpe no le quite el aroma irresistible del peligro.

La ‘aburridora’ debería celebrarse con una salida digna, y su poder justiciero tener el garbo del triunfo —convertido en derrota— ineludible.

                                                                                              






[i] Michael Foucault. Vigilar y Castigar. Siglo XXI Editores, 2002.
[ii] Julio Cortázar. Cartas 1937-1963. Alfaguara, 2000.
*Publicado online en www.hojasnecias.com 
http://www.hojasnecias.com/nota.php?id=431

lunes, 14 de abril de 2014

Death Metal para dummies e incrédulos


Teorizar sobre cualquier género musical siempre implica —con más o menos argumentos— un deseo irrefrenable por transmitir la experiencia estética y el gozo a otro. Pero este discurrir siempre finaliza en un rebuznar y consecuente balbuceo de fanático por pretender adoctrinar.
Detesto cuando alguien —libro en mano— intenta denigrar un estilo musical sólo por considerarlo menor, según su perspectiva, grado de embriaguez o ego. La música no es sólo una sucesión de sonidos con ritmo y armonía; así como la literatura no es un bloque de palabras con perfecta morfología y sintaxis.

Al hablar del metal, y en específico del death metal, prefiero hacerlo desde una butaca neutral y quisquillosa; en lugar de traer la buena nueva, como si llevara bajo la axila los diez mandamientos en piedra.

Éste surge a mediados de los 80´s, a raíz de una necesidad impostergable por renovar al thrash metal (Slayer, Exodus, Kreator, Sodom, bla, bla, bla), para intensificarlo en cuanto a velocidad, estructura y temática lírica.
Nombres podríamos mencionar muchos, desde Possessed, Death, Master, Autopsy; hasta la explosión —como escena fortalecida mediáticamente— de Morbid Angel, Cannibal Corpse, Obituary, Deicide y un largo etcétera, por mencionar sólo algunos del movimiento estadounidense. Y abrevio por extensión de cuartilla, no anoto por orden de importancia o continentes: Ojo, metaleros geek-trues.

Los elementos básicos son los mismos de cualquier banda de rock convencional: bajo, guitarras, voz y batería; aunque maticemos las percusiones, pues usan doble pedal y la voz es gutural (growls).

La afinación en un principio solía estar medio tono abajo de la estándar (Mi-Si-Sol-Re-La-Mi); aunque después bajó a Re, y ahora hay afinaciones que llegan a Do o Si. O en otras palabras: cuerdas muy graves (o incluso guitarras de 7 cuerdas) para experimentar otros sonidos, sin perder la digitación y velocidad de las estructuras (escuchen de la banda Nile, “Enduring the eternal molestation of Flame[i]”).

La distorsión de guitarra y bajo varía de músico a otro, según el efecto, la marca del emulador, el amplificador o ‘coco’ y gabinete (Mesa Boogie[ii]). Una peculiaridad muy distintiva del death metal es el sonido de la percusión: El “blast beat” que, en palabras de mi mamá, sería algo como: ‘bájale volumen a esa vajilla vieja’.
Pero en realidad el blast es más que una onomatopeya doméstica. Es un golpe constante a la tarola (180 bpm[iii] en promedio) alternado con el uso del doble bombo en los pies, para construir una estructura en determinado número de compases.
Por supuesto que el bajo ayuda a reforzar el aporreo percusivo, aunque la guitarra siempre estará adelante en las mezclas y masterizaciones de esta música. Y lo comento por aquello de “nunca escucho al bajista”.

La voz siempre ha enfrentado el disgusto de los puristas del rock: ‘que si son puros ladridos; si le están apretando la hombría al cantante’, etecé, etecé y etecé’.
Sin embargo, la guturación es una técnica bastante compleja donde se aplica fuerza en el diafragma, obstruyendo la salida del aire con la posición de la lengua; aunado a la postura del cuello y las cuerdas vocales. Dominarla es cuestión de mucha práctica para no dañar el aparato vocal y terminar afónico. Por consiguiente el fraseo de las letras tiene una pronunciación curiosa, como de Regan MacNeil, la niña de El Exorcista, con náuseas premenstruales.  

El sonido varía de banda a banda y por décadas (80´s, 90’s y adelante), porque cambian los equipos de sonido profesionales; ahora se puede obtener un sonido más nítido con programas como Pro Tools HD. Éste es una plataforma de audio digital para grabación, mezcla y edición en computadora, donde pueden entrar múltiples canales para lograr el equilibrio más idóneo entre los instrumentos.

Pero en todo arte comercial siempre habrá audiófilos que prefieren el sonido del vinil, un casette, CD o la grabación del ensayo. Aunque eso es arena de otro costal. Y las bandas en la actualidad, dependiendo del presupuesto, eligen cómo desean sonar y bajo qué formato.

Es una discusión símil a quien prefiere primeras ediciones en sus libros: quizá éstos tengan las mismas letras que las nuevas, pero el olor a papel ocre, la edición y leer el ‘primer tiraje’ les transmita una emoción adictiva, digna de un placer masturbante.

II
Hablar sobre metal siempre tiene algo de apología. Al menos en México, donde los foros para escuchar y tocar prácticamente no existen o son clausurados a la brevedad, el metalero siempre está a la defensiva, aunque eso no implique el aislamiento.

Y el death metal es uno de esos géneros donde hablar sobre zombis, desollamientos, mitologías, podredumbre ambiental y hasta el mismo satanismo, se mal interpreta en intransigencia sonora. Como si el metalero naciera en una burbuja sin conciencia económica y social, porque muchas veces no comulga con un color, estilo, partido o —si lo hace— tenga que predicar sus estatutos como militante.

Y traigo a la mesa, repleta de frías cervezas, una frase en Twitter del humorista Ricky Gervais: “Yo nunca he sido insultado por odiosos satanistas por no creer en su diablo; sólo por amorosos cristianos por no creer en su dios". Por eso mejor hacer las pases con el cornudo de caricatura, en lugar de estar comulgando con un dios de tarjeta postal.


Ahora… si te encuentras con un metalero que se da ínfulas de melómano, ya no diga usted: “tu música suena igual, no le entiendo a las letras y es un ruidero”. Mejor diviértase con sabor tornasol y mencione frases como: “su temática zombi es muy aburrida y el blast beat del baterista es muy repetitivo”. O joyas del tipo: “La voz gutural suena muy falsa y la distorsión de las guitarras demasiado grave, para mi gusto”.

Al fin que la diferencia hace la clave, y en 
la madrugada —con unos tragos bien servidos— toda la fauna termina siempre en sana convivencia cumbianchera.






[i] http://www.youtube.com/watch?v=99KHIkENKBM
[ii] Mesa Boogie es una marca californiana dedicada a la fabricación de amplificadores de guitarra y bajo, desde 1969. http://www.mesaboogie.com/
[iii]  Beats per minute, pulsos o golpes por minuto

jueves, 10 de abril de 2014

*


Me gustaría dibujar mi espalda en tu sillón azulmarino. Cambiar el canal de la TV cuando estás cansada, y distraer tu atención en los espacios comerciales. 
Mirarte en la madrugada hacer “eses” en la duermevela para ir al baño. Y escuchar, sílaba a sílaba, cada frase entrecortada que nunca terminas.
Tú no eres labios, ni piernas o huesos. Hay sangre y bocanada escrita en tu piel tornasol. Remitentes de dolor que se arrebatan una sombra bajo tu árbol de naranjo.

Vamos a reírnos de los viejos chistes y a intentar   —en vano— conocernos. A reemplazar lápices por tintas indelebles. A sedarnos y defender cada anécdota que pensamos. 
Respiraré poco —quizá unos latidos más— y entornaré tus ventanas, a reserva de perder.

Insinúame otra ruptura. Descríbela.

Permite a las palabras un cauce sin sobresaltos. Nunca está de más decirte al oído un lugar común.


miércoles, 5 de marzo de 2014




de tus miedos
nunca lo suficiente
para escapar a tiempo
de la desnudez
que arde y retrocede
tiempo atrás en
una voz no pronunciada 
y el reencuentro.

Sé tan poco
y empequeñezco
minutos cada día
en vuelo de búmeran
pregunta-respuesta
pregunta-respuesta
y el sonido
en dosis púrpura:
Libre
te prefiero

signo confeso para la noche.

viernes, 10 de enero de 2014

Ni

Ni se te ocurra
escribirme ahora
disuelto
todo indicio
de salud mental.

Hay una historia
rasgada de papel
origami
en aquella
puerta lapislázuli:
Un dibujo de tu boca
refleja estelas
atrapa luciérnagas
gira entorno a tus piernas
en el siguiente
trazo de un enlace
conjuro.

Hay sospecha,
cinco frases
para contrariarnos en
la próxima taza de café y
esa fotografía sin retoque
de tu perfil ingenuo
que nunca mira la cámara
ni escucha el clic.

No estemos otra vez
ateridos al frío, uno a cada lado de la puerta,
respirando el Déjà vu
vuelvo a repetirme
ya estás aquí
¿Acaso sospechas la siguiente escena?