Teorizar sobre cualquier género musical siempre implica —con más
o menos argumentos— un deseo irrefrenable por transmitir la experiencia
estética y el gozo a otro. Pero este discurrir siempre finaliza en un rebuznar
y consecuente balbuceo de fanático por pretender adoctrinar.
Detesto cuando alguien —libro en mano— intenta denigrar un
estilo musical sólo por considerarlo menor, según su perspectiva, grado de
embriaguez o ego. La música no es sólo una sucesión de sonidos con ritmo y
armonía; así como la literatura no es un bloque de palabras con perfecta
morfología y sintaxis.
Al hablar del metal, y en específico del death metal, prefiero
hacerlo desde una butaca neutral y quisquillosa; en lugar de traer la buena
nueva, como si llevara bajo la axila los diez mandamientos en piedra.
Éste surge a mediados de los 80´s, a raíz de una necesidad
impostergable por renovar al thrash metal (Slayer, Exodus, Kreator, Sodom, bla,
bla, bla), para intensificarlo en cuanto a velocidad, estructura y temática
lírica.
Nombres podríamos mencionar muchos, desde Possessed, Death,
Master, Autopsy; hasta la explosión —como escena fortalecida mediáticamente— de
Morbid Angel, Cannibal Corpse, Obituary, Deicide y un largo etcétera, por
mencionar sólo algunos del movimiento estadounidense. Y abrevio por extensión
de cuartilla, no anoto por orden de importancia o continentes: Ojo, metaleros
geek-trues.
Los elementos básicos son los mismos de cualquier banda de rock
convencional: bajo, guitarras, voz y batería; aunque maticemos las percusiones,
pues usan doble pedal y la voz es gutural (growls).
La afinación en un principio solía estar medio tono abajo de la
estándar (Mi-Si-Sol-Re-La-Mi); aunque después bajó a Re, y ahora hay
afinaciones que llegan a Do o Si. O en otras palabras: cuerdas muy graves (o
incluso guitarras de 7 cuerdas) para experimentar otros sonidos, sin perder la
digitación y velocidad de las estructuras (escuchen de la banda Nile, “Enduring
the eternal molestation of Flame[i]”).
La distorsión de guitarra y bajo varía de músico a otro, según
el efecto, la marca del emulador, el amplificador o ‘coco’ y gabinete (Mesa
Boogie[ii]). Una peculiaridad muy
distintiva del death metal es el sonido de la percusión: El “blast beat” que,
en palabras de mi mamá, sería algo como: ‘bájale volumen a esa vajilla vieja’.
Pero en realidad el blast es más que una onomatopeya doméstica. Es
un golpe constante a la tarola (180 bpm[iii] en promedio) alternado
con el uso del doble bombo en los pies, para construir una estructura en
determinado número de compases.
Por supuesto que el bajo ayuda a reforzar el aporreo percusivo, aunque
la guitarra siempre estará adelante en las mezclas y masterizaciones de esta
música. Y lo comento por aquello de “nunca escucho al bajista”.
La voz siempre ha enfrentado el disgusto de los puristas del
rock: ‘que si son puros ladridos; si le están apretando la hombría al cantante’,
etecé, etecé y etecé’.
Sin embargo, la guturación es una técnica bastante compleja
donde se aplica fuerza en el diafragma, obstruyendo la salida del aire con la
posición de la lengua; aunado a la postura del cuello y las cuerdas vocales.
Dominarla es cuestión de mucha práctica para no dañar el aparato vocal y
terminar afónico. Por consiguiente el fraseo de las letras tiene una
pronunciación curiosa, como de Regan MacNeil, la niña de El Exorcista, con
náuseas premenstruales.
El sonido varía de banda a banda y por décadas (80´s, 90’s y
adelante), porque cambian los equipos de sonido profesionales; ahora se puede
obtener un sonido más nítido con programas como Pro Tools HD. Éste es una
plataforma de audio digital para grabación, mezcla y edición en computadora,
donde pueden entrar múltiples canales para lograr el equilibrio más idóneo
entre los instrumentos.
Pero en todo arte comercial siempre habrá audiófilos que
prefieren el sonido del vinil, un casette, CD o la grabación del ensayo. Aunque
eso es arena de otro costal. Y las bandas en la actualidad, dependiendo del
presupuesto, eligen cómo desean sonar y bajo qué formato.
Es una discusión símil a quien prefiere primeras ediciones en
sus libros: quizá éstos tengan las mismas letras que las nuevas, pero el olor a
papel ocre, la edición y leer el ‘primer tiraje’ les transmita una emoción
adictiva, digna de un placer masturbante.
II
Hablar sobre metal siempre tiene algo de apología. Al menos en
México, donde los foros para escuchar y tocar prácticamente no existen o son
clausurados a la brevedad, el metalero siempre está a la defensiva, aunque eso
no implique el aislamiento.
Y el death metal es uno de esos géneros donde hablar sobre
zombis, desollamientos, mitologías, podredumbre ambiental y hasta el mismo
satanismo, se mal interpreta en intransigencia sonora. Como si el metalero
naciera en una burbuja sin conciencia económica y social, porque muchas veces
no comulga con un color, estilo, partido o —si lo hace— tenga que predicar sus estatutos
como militante.
Y traigo a la mesa, repleta de frías cervezas, una frase en
Twitter del humorista Ricky Gervais: “Yo nunca he sido insultado por odiosos
satanistas por no creer en su diablo; sólo por amorosos cristianos por no creer
en su dios". Por eso mejor hacer las pases con el cornudo de caricatura,
en lugar de estar comulgando con un dios de tarjeta postal.
Ahora… si te encuentras con un metalero que se da ínfulas de
melómano, ya no diga usted: “tu música suena igual, no le entiendo a las letras
y es un ruidero”. Mejor diviértase con sabor tornasol y mencione frases como:
“su temática zombi es muy aburrida y el blast beat del baterista es muy
repetitivo”. O joyas del tipo: “La voz gutural suena muy falsa y la distorsión
de las guitarras demasiado grave, para mi gusto”.
Al fin que la diferencia hace la clave, y en
la madrugada —con
unos tragos bien servidos— toda la fauna termina siempre en sana convivencia
cumbianchera.
[i] http://www.youtube.com/watch?v=99KHIkENKBM
[ii]
Mesa Boogie es una marca californiana dedicada a la fabricación de
amplificadores de guitarra y bajo, desde 1969. http://www.mesaboogie.com/
[iii] Beats
per minute, pulsos o golpes por minuto