Me consta
tu cuerpo
en
estribillos de oleaje
afanándose
en la roca.
Llovizna
breve y volcánica
como un
golpe de voz
en la arena
tantas veces reescrita
en un
quebranto.
Y tu
espalda,
asfixia
de costa
a costa,
duerme una calma de navío en siete
notas de satélite.
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